Buscar este blog

martes, 8 de junio de 2021

La peste de Atenas

 

 

 

430 a.C

'La Peste de Atenas por Michiel Sweerts, c. 1652–1654

La  peste de Atenas fue una epidemia devastadora que afectó principalmente a Atenas en el año 430 a. C., en el segundo año de la Guerra del Peloponeso. Se cree que debió llegar a Atenas a través de El Pireo, el puerto de la ciudad y única fuente de comida y suministros. La ciudad-estado de Esparta y gran parte del Mediterráneo oriental también fueron afectados por la epidemia, aunque en menor medida. La plaga volvió en dos ocasiones, en el 429 a. C. y en el invierno de 426-425 a. C.

La guerra  llevó a que mucha gente del campo entrase en la ya sobrepoblada ciudad de Atenas. A su vez, gente que vivía fuera de las murallas se desplazó asimismo hacia el área central, convirtiendo a Atenas en el lugar perfecto para el contagio masivo de la enfermedad.

En su Historia de la Guerra del Peloponeso, el historiador contemporáneo Tucídides describe la llegada de la epidemia, que comenzó en Etiopía. La epidemia brotó en la ciudad abarrotada, y Atenas perdió posiblemente un tercio de las personas que se cobijaban tras sus muros. La visión de las piras funerarias ardiendo hizo que el ejército espartano se retirara por temor a la enfermedad. Mató a gran parte de la infantería ateniense, algunos de los marinos más expertos y a su líder, Pericles, que murió en uno de los brotes posteriores en 429 a. C. Tras el fallecimiento de Pericles, Atenas fue dirigida por una sucesión de jefes débiles e incompetentes. Según Tucídides, hasta el año 415 a. C. la población de Atenas no se pudo recuperar lo suficiente como para preparar la desastrosa Expedición a Sicilia.

 

 

Tucídides II,47

“No hacía aún muchos días que  estaban en el Ática cuando comenzó a declararse por pri­mera vez entre los atenienses la epidemia , que, según se dice, ya había hecho su aparición anteriormente en mu­chos sitios, concretamente por la parte de Lemnos y en otros lugares , aunque no se recordaba que se hubiera producido en ningún sitio una peste tan terrible y una tal  pérdida de vidas humanas. Nada podían hacer los médicos por su desconocimiento de la enfermedad que trataban por primera vez ; al contrario, ellos mismos eran los princi­pales afectados por cuanto que eran los que más se acer­caban a los enfermos; tampoco servía de nada ninguna otra ciencia humana. Elevaron, asimismo, súplicas en los templos, consultaron a los oráculos y recurrieron a otras prácticas semejantes; todo resultó inútil, y acabaron por renunciar a estos recursos vencidos por el mal. 

48..Apareció por primera vez, según se dice, en Etiopía, la región situada más allá de Egipto, y luego descendió hacia Egipto y Libia y a la mayor parte del territorio del Rey. En la ciudad de Atenas se presentó de repente y atacó primeramente a la población del Pireo , por lo que circuló el rumor entre sus habitantes de que los pelo­ponesios habían echado veneno en los pozos, dado que todavía no había fuentes  en la localidad. Luego llegó a la ciudad alta, y entonces la mortandad ya fue mucho mayor. Sobre esta epidemia, cada persona, tanto si es mé­dico como si es profano, podrá exponer, sin duda, cuál fue, en su opinión, su origen probable así como las causas de tan gran cambio que, a su entender, tuvieron fuerza suficiente para provocar aquel proceso. Yo, por mi par­ te, describiré cómo se presentaba; y los síntomas con cuya ……

49…..en plena salud y de repente, se iniciaba con una intensa sensación de calor en la cabeza y con un en­rojecimiento e inflamación en los ojos; por dentro, la fa­ringe y la lengua quedaban enseguida inyectadas y la respiración se volvía irregular y despedía un aliento fétido. Después de estos síntomas, sobrevenían estornudos y ron­quera, y en poco tiempo el mal bajaba al pecho acom­pañado de una tos violenta ; y cuando se fijaba en el estómago , lo revolvía y venían vómitos con todas las secreciones de bilis que han sido detalladas por los médi­cos, y venían con un malestar terrible. A la mayor parte de los enfermos Ies vinieron también arcadas sin vómito que les provocaban violentos espasmos, en unos casos lue­go que remitían los síntomas precedentes y, en otros, mucho después. Por fuera el cuerpo no resultaba excesivamente caliente al tacto, ni tampoco estaba amarillento, sino rojizo, cárdeno y con un exantema de pequeñas ampollas  y de úlceras; pero por dentro quemaba de tal modo que los enfermos no podían soportar el contacto de vestidos y lienzos muy ligeros ni estar de otra manera que desnudos, y se habrían lanzado al agua fría con el mayor placer. Y esto fue lo que en realidad hicieron, arrojándose a los pozos, muchos de los enfermos que estaban sin vi­gilancia, presos de una sed insaciable; pero beber más o beber menos daba lo mismo. Por otra parte, la imposi­bilidad de descansar y el insomnio los agobiaban continua­mente. El cuerpo, durante todo el tiempo en que la enfer­medad estaba en plena actividad, no quedaba agotado , sino que resistía inesperadamente el sufrimiento; así, o pe­recían, como era el caso de la mayoría, a los nueve o a los siete días, consumidos por el calor interior, quedándo­les todavía algo de fuerzas, o, si conseguían superar esta crisis, la enfermedad seguía su descenso hasta el vientre, donde se producía una fuerte ulceración a la vez que sobrevenía una diarrea sin mezclar, y, por lo común, se…..

"Porqula ciudadcomo tú mismo vesestà demasiado turbada y ni siquiera es capaz ya de levantar la cabeza por encima del mortífera oleajdlos mares, se consumen los talloquproducen los frutos de la tierrase consume elas mandas de bueyes que paceeloinfecundos partos dlas mujeres. Un diosportador de fuego, sha lanzado sobrnosotros y atormenta la ciudad, la peste, el peor dlos enemigospor su culpa ecasadCadmos se esta quedando vacío" (SafEdipo Rey, 22-29)





No hay comentarios:

Publicar un comentario